Tuesday, September 24, 2024

Rouge Cabaret, de Maracaibo en la Sala Doris Wells de Caracas: 28 y 29 de septiembre


 

Con alegría anunciamos que el Zulia dirá presente en el Festival Internacional de Teatro Círculo Escénico Caracas 2024 auspiciado por The British Council a través del Fondo para el Desarrollo de Festivales Sostenibles Cultura Circular.

Estaremos en la Sala Doris Wells de la Casa del Artista con dos funciones de Rouge Cabaret, obra de nuestra escritora Lolimar Suárez Ayala y en dirección conjunta con el maestro Arnaldo Pirela.

Agradecidos por la invitación de este Festival Independiente organizado por un gran equipo dirigido por Deivi Fonseca.

Este evento contará en su novena edición con la delegación de Teorema Producciones en su grilla de teatro nacional, una buena noticia para la promoción de nuestra dramaturgia en las voces de dos extraordinarias intérpretes, Blanca Basabe y Maribel Granadillo.

Gracias a todas las instituciones, amigos y aliados que harán posible esta representación, la única delegación regional en todo el país que ha sido invitada a tan importante cita teatral.

Rouge Cabaret

Sábado 28 y domingo 29 de septiembre, 2024

Sala Doris Wells, Caracas



  
 

 

Saturday, September 21, 2024

NY Workshop Theater: Lectura dramatizada de Domino Effect, 20/21 de septiembre 2024




Cuatro personajes se encuentran en un parque del Bronx.  Sus características -origen, edad, género- son únicas e incluso pueden antagonizar sobre todo en un contexto que no brinda muchas oportunidades para socializar y en tiempos en que la diferencia es tolerada hasta ciertos -muy cortos- límites.  Los encontronazos comienzan con la lucha por el espacio público y pareciera que el grupo de puede llegar a la violencia mientras que, en contraste, Gisel Fortuna, Atash, Armando y Pepper Malveaux sin pensarlo se dan una tregua en la que llegan a conocerse, acción que cuenta con la colaboración de Eleguá, orishá que abre los caminos: la idea es abrir el camino al descubrimiento de que el otro no es necesariamente un rival.

Domino Effect es original de Marco Antonio Rodríguez y actualmente está en proceso de revisión, razón por la que se realizaron tres lecturas el 20 y 21 de septiembre en el 83 Este de la Calle 4 en Manhattan bajo la producción del New York Theater Workshop Y People’s Theater Project.  En Domino Effect, se reafirman dos líneas conceptuales en la obra de Rodríguez: el acuyá o estado liminal de los personajes, migrantes que se desenvuelven en dos contextos lo que origina tensiones identitarias; a la vez que ellos contribuyen en los dos espacios en ocasiones son vistos como foráneos como gringos en sus países de origen o hispanos en Nueva York.  Por otro lado, el autor presenta rasgos de colectficción, término propuesto por Priscilla Gac-Artigas para aquellas obras que no se centran en un yo sino en un nosotros.  Entonces, del nosotros en escena los espectadores encuentran elementos que pueden ser similares a experiencias vividas o personas que les son familiares.  Son personajes y situaciones cercanos, del entramado de la ciudad, reflejo del colectivo que se empodera al verse reflejado en el escenario.  Marco Antonio en su producción dramatúrgica presenta hispanos con virtudes, defectos, prejuicios, ambiciones por lo que su trabajo se comunica con los espectadores con efectividad.

El elenco de este trabajo en proceso se caracteriza por su entrega y audacia: Willie The Genius, Shadi Ghaheri, Tony Macy-Pérez y Ángela Reynoso realizaron una lectura ambiciosa, de desplazamientos, danzas y posesiones acompañados de Alejandra Maldonado como regidora de escena, Lee Anne Meeks en la iluminación bajo la dirección de Mino Lora.

Posterior a la lectura se realizó una conversación con los espectadores quienes dieron su opinión sobre diversos aspectos de la obra.  Ello contribuye a que pronto Domino Effect llegue a su versión final y sea formalmente estrenada.

Friday, September 13, 2024

Cosas de mujeres… y de hombres en Teatro Thalia

                                

Pablo García Gámez

Las mujeres lo hacemos mejor que los hombres es un taller dictado por la psicóloga Teresa.  Lo particular de este taller es que la facilitadora utiliza experiencias de su vida personal y profesional a la vez que incorpora datos estadísticos reales, hace pruebas para comprobar si los participantes van entendiendo sus premisas e incluso, los mismos participantes, en colectivo, la ayudan a responder una pregunta que le hacen por teléfono.  En su primer experimento en el taller, Teresa sorprende diciendo a la audiencia que es hombre: lo dice porque a un hombre se percibe con credibilidad.

La pieza, de Roberto Ramos Perea, reconocido autor puertorriqueño, explora las relaciones de pareja a partir de los roles tradicionales de género impuestos por la sociedad patriarcal.  Por el taller desfilan el marido que asume que el matrimonio es una relación que solo él dirige y en la que la mujer se transforma en objeto al que puede agredir; la esposa que ha sido educada para salvar su matrimonio a costa de su integridad física y mental y que cree que lo mejor es que los hijos vivan en un campo de batalla antes que en un divorcio sanador.  Teresa hace alusión al formato de la telenovela y con razón porque la televisión modela actitudes, discursos, valores yformas de humillarse; también aparece la imagen de la otra, la que se roba al marido, eufemismo para seguir creyendo en el infiel.  El autor sugiere que estos desencuentros afectivos y sociales son producto de la visión de mundo marcada por el género: sexo para uno, romance para la otra; azul y rosado.

Y mientras Teresa cuenta su historia en el taller, resuenan las palabras de Luisa Capetillo sobre el matrimonio como contrato y las de Gloria Anzaldúa afirmando que el machismo se transmite a través de la madre.  Mientras tanto, el personaje de Ramos Perea va más allá al decir que los hombres tienen una parte femenina lo que el autor demuestra al crear a este personaje femenino de impactante verosimilitud.  La pieza hilarante, en la superficie, muestra un drama que en ocasiones ha sido tildado de epidemia por lo que esta pieza es de esas obras necesarias: necesaria para entretenerse y para ser vista y discutida.  Tal vez cuando la hija de Teresa alcance la adultez haya más conciencia al respecto.

En el escenario están solo los elementos esenciales: una cama, una mesa, un archivo y un atril lo que posibilita la óptima utilización y da posibilidades expresivas al espacio diseñado por Ángel Gil Orrios quien además dirige la producción.  La imaginación del espectador es estimulada con las diversas proyecciones de Fabricio Saquicela: el afiche de los Beatles, las preguntas de las pruebas, la escena alucinógena y otras imágenes ayudan a dar un marco estético a la historia.

Soledad López desarrolla un trabajo intenso.  Durante una hora y veinte minutos proyecta energía hacia la audiencia que, pendiente de lo que ocurre en escena, a su vez genera respuestas.  La experimentada actriz crea una galería de personajes diferenciados entre sí.  Teresa, el personaje conductor se muestra con diversos rasgos producto de sus vivencias, la profesional que decide estudiar psicología para entenderse a sí misma, cansada de experiencias adversas en busca de la definición de su identidad y en procura del respeto a su género.  Además, se ven a la sacrificada madre, a la otra, al marido y otros. Cada personaje tiene su postura y ritmo propio.

El performance de Soledad es complejo y versátil. Pasa con naturalidad y sin esfuerzo del parlamento cómico al dramático, del monólogo íntimo a la conversación con el público por lo que Las mujeres lo hacemos mejor que los hombres de logros y aciertos.

Las mujeres lo hacemos mejor que los hombres. Teatro Thalia, 41-17 Greenpoint Avenue de Queens hasta el 6 de octubre, 2024.  www.thaliatheatre.org

 

Thursday, August 29, 2024

Agrupación Teatral Coordinación: Círculo de Lectura Interactiva, agosto 2024



La Agrupación Teatral Coordinación de San Felipe, Yaracuy -Venezuela- realizó el martes 26 de agosto 2024, en la Sala Coordinación, su octavo círculo de Lectura Interactiva con autores de la Dramaturgia Nacional Venezolana. 

El programa nace en diciembre 2023.  Originalmente es ideado y coordinado por Elsy Loyo con un equipo para su ejecución formado por Lesbia Landinez, Rosa Montes, Eliani Palmera.  EL Círculo de Lectura es producido por Lusvio Ramírez y está diseñado para compartir saberes y discutir acompañados de un café y refrigerios.

La actividad promueve el descubrimiento del mundo teatral desde la lectura de manera interactiva.  Centra su atención en la escritura escénica y por ello se enfoca en la dramaturgia y los textos teatrales, pero además se abre a otros recursos como ensayos, entrevistas, historia, metodologías, experiencias y vivencias recogidas en diversas ediciones de libros, revistas y manuscritos existentes en el Centro de Documentación e Investigación Teatral, aun en construcción, de la Agrupación Teatral Coordinación. La intención es crear la reflexión y la justa apreciación de la dramaturgia.

Los autores y obras estudiados en el Círculo de Lectura Interactiva del 26 de agosto fueron Rubén Dario Gil y Los Alfareros; Mariela Romero y El inevitable destino de Rosa de la noche, Néstor Caballero con Detrás del Paraíso; Enrique León con Alberto Inmortal, José Gabriel Núñez y su Soliloquio en Rojo empecinado, Fausto Verdial y Todos los hombres son mortales; Gustavo Ott  y Nunca dije que era una niña buena; Roberto Azuaje con El más mejor; Marco Montero y su Historia de Princesas y de Elio Palencia, La quinta Dayana.

Esta actividad está dirigida al público en general, así como a quienes ofician el arte teatral.  Los encuentros se realizan una vez al mes y organizados en diversos ciclos.  Este primer ciclo, ya en ejecución, es dedicado a la Dramaturgia Nacional.

 

Monday, August 19, 2024

La Bienal Apacuana: Mostrador de la dramaturgia nacional.


Pablo García Gámez 

Hasta el 20 de octubre de 2024, la Compañía Nacional de Teatro y el Centro Nacional del Libro reciben los textos para participar en la Segunda Bienal Nacional de Literatura Apacuana de Dramaturgia 2024. El concurso, que se establece con carácter anual en 2015 y a partir de 2022 pasa a ser bienal, es una oportunidad para los dramaturgos venezolanos de ver representadas y publicadas sus obras. Además, brinda la oportunidad para divagar sobre el oficio. 

El quehacer del dramaturgo es el más en solitario del teatro. El proceso de ensayos tiende a incluir al elenco, la dirección, los diseñadores y técnicos alrededor del texto que el autor ha concebido en solitario. En un proceso convencional el dramaturgo, con suerte, será llamado a una que otra sesión. Esa dinámica se visualiza en el modelo de representación teatral, incluida en Performance Theory del teatrero Richard Schechner quien llama al texto drama y lo coloca solo y al centro de una serie de formas más o menos circulares; al siguiente círculo lo denomina script y corresponde a la transmisión de códigos que brindan la dirección, el elenco y los diseñadores. Sigue theatre o las acciones del elenco en escena, y finalmente, el círculo mayor y más irregular lo llama performance, que incluye a los elementos involucrados en la representación incluso al espectador: se refiere todo lo que sucede durante el performance en el escenario y en la platea (p. 71). Así el teatrero norteamericano establece al texto como el germen de la representación teatral. 

En Venezuela hay autores teatrales de calidad sobresaliente. Aparte de nuestros clásicos, como César Rengifo y las generaciones posteriores, hay autores poco conocidos con propuestas que aportan novedosas perspectivas a la escena. El hecho se evidencia en la cantidad de participantes que se inscriben en talleres de dramaturgia; algunos de estos participantes están en el proceso de encontrar su voz: la autopercepción de ellos, de su ideología. Por ello, en los talleres “La propia voz” -dictados por quien esta nota escribe- la premisa es conocerse a sí mismo. Es imprescindible: “…saber quién se es; es orientarse en un espacio moral, un espacio en el que haces preguntas como qué es bueno y qué es malo, qué vale la pena hacer y qué no, qué tiene importancia y significado para uno y qué es trivial y sin importancia,” afirma el filósofo Charles Taylor citado por Gerald Izenberg. (p. 10). Conociendo su voz, es posible para el autor crear en consonancia a su perspectiva de mundo. De un modo más directo, Gilberto Pinto aborda la relación entre conocerse y expresarse: “…antes de preocuparse por conformar un estilo sería preciso que el escritor comenzara por aclararse una identidad…” (p. 115); es decir, conocer el porqué de sus respuestas ante diversos estímulos, conceptos y situaciones. 

En tiempos híbridos y postdramáticos como los de ahora, el autor tiene la libertad de incorporar diversos géneros, temáticas, formatos en una misma pieza: distopía, absurdo, epistolario, memoria, la realidad inmediata. Recurriendo a Gilberto Pinto de nuevo: “El dramaturgo escribe lo que su espíritu le impulsa a escribir. Por lo general es el producto de la compulsión que ejerce sobre él la realidad colectiva en que se envuelve” (p. 71). Volviendo a los talleres, estos son muestrarios de diversas temáticas y formas: la participante wayuu que, desde su perspectiva, observa su comunidad dentro de una sociedad hegemónica; la mujer que desentierra su memoria afrovenezolana; la misma realidad vista por dos personajes y que para uno es la miseria mientras estimula la imaginación de otro; la migración, la enfermedad y las mascotas; la homofobia y las múltiples dimensiones del sujeto cuir; el adolescente que observa una escena de violencia doméstica; la madre como transmisora del patriarcado. Mención aparte merece la historia, temática que por un lado se muestra en piezas de notoria calidad y por otro, es presentada en obras próximas al metarrelato de la hagiografía como ejemplos de personajes inalcanzables para el ser común. 

Diversas voces, diversas visiones en conjunto reflejan en escena la identidad de un país. Y entre ellas hay trabajos que con frecuencia salen de lo canónico y ofrecen caminos alternos. Por ello, cabe mencionar la idea de Richard Schechner, en Performed Imaginaries, donde plantea que las vanguardias no son potestad de determinados centros, sino que: “…son prácticas y teorías que cambian de acuerdo con el periodo histórico, la ubicación geo-cultural y la práctica individual” (p. 17), pasan ellas también a formar parte del perfil colectivo. 

El dramaturgo necesita información. Información sobre agrupaciones, concursos, talleres, seminarios, investigaciones, lecturas dramatizadas para afinar el oficio. En el medio existen iniciativas como las del Instituto de Investigación para el Desarrollo de las Artes en Venezuela, IIAVE, que organiza actividades dirigidas a dramaturgos. El fallo de la Bienal Apacuana, estímulo a la escritura teatral, será la oportunidad de conocer el trabajo inédito de un autor o autora que ofrece una lectura del mundo desde su perspectiva particular. 

Obras citadas. 

Izenberg, Gerald. Identity. U of Pennsylvania Press, 2016. 
Pinto, Gilberto. El texto teatral. Fondo Editorial Fundarte, 2004. 
Schechner, Richard. Performance Theory. Routledge, 2007. 
 ---. Performed Imaginaries. Routledge, 2015.

Monday, August 12, 2024

Venezuela: Teatro y crítica, público y contrapúblico, Caracas y el interior.

Ensayo en la calle, A. T. Coordinación, San Felipe  

 

Claroscuro,Isidro Morillo. Teatro Esencial, Maracaibo



Publicación del 1er. Encuentro de Critven
 

En las últimas décadas los avances tecnológicos han operado profundos cambios en la sociedad haciendo del mundo una gran aldea.  Con la globalización los medios impresos que, según Benedict Anderson fueron decisivos en el desarrollo de la comunidad imaginada (la nación), a finales del siglo pasado comienzan a ceder espacios a lo espectacular-mundial: conciertos de famosos, filmes taquilleros, musicales con mega-estrellas en sus elencos, empiezan a aparecer en impresos y posteriormente en publicaciones digitales bajo el rótulo de “arte y espectáculos”.  Los escritos sobre la escena local comienzan a mermar en los medios, entre ellos la crítica de teatro; la expresión para un público limitado a un contexto específico sale de las publicaciones mientras que las reseñas intentan sobrevivir en las redes sociales.


La ausencia de información en los medios sobre el teatro local tiene profundas repercusiones.  Para Patrice Pavis: “Desde principios de siglo, el espacio de la sección teatral ha disminuido considerablemente, lo cual complica el análisis y la evaluación” (103).  Por un lado, los medios impresos y los electrónicos renuncian al rol de archivo de la memoria teatral local lo que incide en que en el futuro se desconozcan la mayoría de los trabajos escénicos de estos años; por supuesto que en revistas especializadas de teatro y en el ámbito académico se publican críticas y ensayos sobre la actividad escénica, pero estos no pueden absorber ni difundir toda la programación de un determinado contexto.  Por otra parte, no hay comunicación abierta entre la escena y el colectivo, diálogo en el que tradicionalmente la crítica era intermediaria. 

La crítica: presencia y ausencia.

En contraste a la situación descrita anteriormente, en 1986 cuando la mayoría de los medios tienen en sus plantas a colaboradores de artes escénicas, se realiza Primer Encuentro Nacional de Críticos de Teatro, organizado por la Sociedad Dramática de Maracaibo y Critven (Círculo de Críticos de Teatro de Venezuela), muestra de la cohesión posible entre teatro y crítica.  En la publicación realizada sobre el evento, Leonardo Azparren Giménez señala que: “…las prioridades de la crítica teatral pasan por la necesidad de hacer inteligible la pasión y hacer apasionante la razón” (6).  Tal es la entrega a la reflexión crítica que no pocas veces artículos con las firmas de Azparren Giménez o de Rubén Monasterios, por citar a dos reconocidas autoridades, crean polémica en los círculos teatrales e incluso son motivo de discusión en el medio teatral.  Cuatro décadas después, la dificultad de encontrar crítica en los medios trae como resultado la invisibilidad de un gran número de producciones.

Como respuesta al vacío mediático se han planteado diversas alternativas.  Es conocido el proyecto de la Escuela de Espectadores desarrollado por el teatrista argentino Jorge Dubatti; según su creador, la escuela: “…brinda herramientas para empoderar al espectador” (Rigaborda); entre los varios resultados emerge la figura del espectador con conocimientos que lo convierten en sujeto que se identifica con la expresión escénica y en potencial difusor de ésta.  En el contexto local, una estrategia explorada por la Agrupación Teatral Coordinación de San Felipe, Yaracuy, consiste en realizar algunos ensayos durante el proceso de montaje en espacios urbanos como la calle, el parque, el centro comercial; se improvisa en diversos sitios, complejo ejercicio para las actrices por la exploración del texto, el movimiento y la energía en espacios públicos; la práctica causa curiosidad en los transeúntes que la descubren en su cotidianidad y a los que se les informa que la totalidad del ritual puede ser vista en la sala de teatro. 

La situación de la crítica tiene un matiz adicional en Venezuela.  En Caracas hay murallas invisibles que limitan la presencia de cronistas en determinados espacios o producciones.  Tales murallas ocultan a los teatros percibidos como “periféricos” situados mayormente en el centro y oeste de la ciudad.  Muy fuertes son los muros a pesar de su invisibilidad: en una reseña de 2018 un crítico escribe sobre lo que se hace “del otro lado”: más que señalar un espacio geográfico, el autor se refiere a un espacio ideológico distinto al suyo, incapaz de dialogar con él y que invisibiliza o descalifica en el mejor de los casos. 

La presencia del contrapúblico.

Con ausencias, murallas e información a medias se dispersa el potencial público.  Algún que otro miembro de las artes escénicas señala motivos que justifican la ausencia de espectadores en las salas teatrales; argumentos como la ubicación del país en la zona tropical, la preferencia de la población por el baile o la falta de cultura están entre los más mencionados del repertorio de excusas.  Así se elude el problema de fondo: el irregular nexo entre los colectivos teatrales y el público potencial.

Hay otro público que deja de ser tal al no recibir información, pero que asiste a las salas pasando a ser, en palabras de Michael Warner contrapúblico -counterpublic- que: “…mantiene en determinado nivel, consciente o no, conciencia de su estatus subordinado […] Un contrapúblico, contra el fondo de la esfera pública, posibilita un horizonte de opinión e intercambio” (Warner 56).  En Caracas son visibles las señales del contrapúblico: la fiel presencia de espectadores en el Teatro Principal frente a la Plaza Bolívar o en el Teatro Alameda, en San Agustín; como ejemplo, una espectadora el 30 de marzo 2024, en la representación de Entre el cielo y la tierra, de Carmen Ortiz, comentaba buscar obras con boletos a bajo costo y, si le encontraba méritos, la recomendaba a sus amigos por las redes sociales; dicho mientras subía imágenes del performance recién visto a su cuenta de Instagram.

La provincia: un misterio.

Fuera de Caracas, en el llamado interior venezolano hay numerosos grupos que hacen diversas propuestas que desarrollan en su contexto.  Vale la pena acá citar el concepto de territorialidad de Jorge Dubatti:

Territorialidad es espacio subjetivado, geografía en la que se configura una determinada subjetivación, espacio construido a partir de procesos de territorialización, es decir, procesos de subjetivación, y que reconoce complejidades intraterritoriales de un mismo territorio (nunca monolítico u homogéneo).  Geografía subjetivada, siempre en transformación, que incluye las tensiones de la desterritorialización y de reterritorialización (Dubatti 117). 

 Las intraterritorialidades han de reconocerse en sus diferencias para articular un sentido más complejo y profundo sobre las múltiples perspectivas de nuestro teatro.  En la geografía venezolana hay individualidades y colectivos que constantemente aportan a las artes escénicas.  El fenómeno lo ha notado la Compañía Nacional de Teatro que realiza intercambios con diferentes agrupaciones en todo el país. 

Extraordinarios trabajos como Claroscuro, de Isidro Morillo de Teatro Esencial, Maracaibo; La mujer esqueleto, de Nebai Zavala, Maracay; Juana la Avanzadora, de Yrali López Guevara, Puerto Ordaz; A petición del público, de Orlando Ascanio, Teatro Estable de Villa de Cura; Reverón: El grito de la luz, de Germán Ramos, Yaritagua; Olalúnea de la mencionada Asociación Teatral Coordinación (las dos últimas vistas en Caracas en la programación del Festival Internacional de Teatro Progresista), entre muchos otros montajes no solo son parte del teatro venezolano sino que lo renuevan con subjetividades alternas.  Se asume que en esos espacios hay una crítica activa; en todo caso Bartolomé Cavallo publica en Facebook notas críticas sobre actividades escénicas en el estado Aragua; Freddy Antonio Torres González también publica en Facebook material académico y actividades teatrales de la ciudad de Mérida; en Maracaibo, el periodista y crítico Alexis Blanco constantemente revisa en sus escritos el quehacer escénico y sus manifestaciones. 

Esta reflexión revisa a grandes rasgos la triada escena-crítica-espectador y propone la discusión de estrategias para incentivar la presencia de los espectadores que merece nuestro teatro.  Va más allá de la escena caraqueña debido a la premisa de que es necesario buscar las maneras para que las representaciones que se realizan en el país lleguen tanto al espectador como al archivo.  El diálogo entre hacedores de teatro, críticos y espectadores es esencial para intercambiar saberes y fortalecer nuestra escena. 

Obras citadas

-Azparren Giménez, Leonardo.  “Las prioridades de la crítica teatral” (pp. 6-7).  Primer encuentro nacional de críticos de teatro.  Secretaría del Estado Zulia, La Universidad del Zulia, Sociedad Dramática de Maracaibo, 1986.

-Dubatti, Jorge.  Teatro y territorialidad.  Gedisa Editorial, 2020.

-Pavis, Patrice.  Diccionario del teatro.  Paidós, 2016.

-Rigaborda, Miguel.  “La escuela de espectadores”.  Artezblai, 19-10-2022.  Obtenido el 10-08-2024.

-Warner, Michael.  Counterpublics.  Zoom Books, 2005.

            



Monday, January 16, 2023

Chalequeo, seriedad y plataformas teatrales en clave trans-caribeña


                                                                                                                            Pablo García Gámez

            Una amiga me escribe para contar cómo le fue en la presentación de su monólogo en una ciudad del interior de Venezuela.  Es una actriz que en escena es energía, que se entrega en cuerpo y alma a su labor con tal fuerza que en el teatro de calle atrapa al transeúnte más indiferente.  Está emocionada con la experiencia, feliz con la respuesta del público que hizo conexión con la escena y que la ovacionó al final de la pieza.  Por otro lado, está resentida porque se presentó en un teatro que acoge diversas propuestas y cuya programación es estructurada por un funcionario que poco o nada sabe sobre artes escénicas, un servidor que considera que su trabajo es ser servido.  Me comenta:

-Imagínate: en la mitad de la función, y con el público ahí, el tipo me grita: “Apúrate, chica, que hay que cerrar esta vaina en media hora” y se carcajea.  Intentó chalequear mi trabajo, pero no me dejé.  Claro, tuve que acelerar la función y al terminar tuvimos que sacar la utilería corriendo.

Chalequeo.

            El chalequeo, una práctica de sabotaje, está presente en la comunicación diaria y consiste en la acción de distraer a partir de la interrupción irónica, a veces sarcástica.  El Diccionario de americanismos de la ASALE señala que en Venezuela chalequeo es “Burla o broma reiterada, que en ocasiones puede resultar ofensiva y de mal gusto”; el mencionado diccionario menciona que el verbo chalequear -el chalequeo continuo- es la acción de “Obstruir o entorpecer la realización de una actividad,” lo que sucedió con el monólogo de mi amiga.  El chalequeo es un arma poderosa: tiene el don de interrumpir líneas de pensamiento, diálogos, consensos.  Otro amigo, residente en Nueva York, después de más de una década fuera del país, vuelve a Caracas con su esposa e hijo a quienes quiere mostrar las bondades y alegría de su ciudad natal: nada mejor que ir a un partido Caracas-Magallanes en el Estadio Universitario.  Al terminar el juego, la familia sale del estadio; el amigo hace señas a un taxi para que pare.  Pregunta al chofer si está de servicio.  La respuesta del conductor:

-No huevón.  Estoy jugando. 

            La frase quiebra el halo de nostalgia del paisano mientras que esposa e hijo no saben si el extraño agrede o cuenta un chiste en tono de seriedad.  La acción de entorpecer una actividad a través del chalequeo no siempre es tan fulminante como la del programador de la sala de teatro que interrumpe la labor de la actriz y suspende la atención del público o como la del taxista.  Hay grados y matices: una frase de doble sentido, una oración hiperbólica; el comentario burlón a un texto con intenciones reflexivas colgado en Facebook son ejemplos de chalequeo light.  El chalequeo, parte del cotidiano venezolano, se agazapa en conversaciones, discusiones esperando la ocasión propicia para saltar y dejar su marca.  Mientras tanto, en la Nueva York que habla español, la práctica no es común debido al carácter panhispánico de la comunidad en la que algunos de sus miembros pueden tomar este tipo de expresión como extremadamente agresiva.

En The Suspension of Seriousness (La suspensión de la realidad), estudio de Carlos Alberto Sánchez, sobre La fenomenología del relajo del autor mexicano Jorge Portilla, encontramos que el chalequeo tiene una figura afín: el relajo.  Ambos, chalequeo y relajo, tienen ciertas semejanzas, pero si el primero se destaca por obstruir y entorpecer, la finalidad del segundo es “suspender la seriedad” (30); Sánchez agrega: “Es decir, suspender o aniquilar la adherencia de un sujeto a un valor propuesto a su libertad” (30), entendiéndose el relajo como acto de resistencia a determinados valores.  El sometimiento a los valores se da desde lo contrario al chalequeo y el relajo: la seriedad.

Las seriedades.

Comenta Portilla dos presencias de la seriedad.  Una de ellas es artificial, la “que rehúsa a darse cuenta de la distancia entre ‘el ser’ y ‘el valor’” (Portilla citado por Sánchez 19) y es la seriedad de los apretados, personas opuestas al relajo.  Agrega Portilla que “La subjetividad del apretado permite al mundo exterior constituir su identidad” (17).  El apretado posee valores por asimilación.  Esta seriedad es anti-chalequeo que también “obstruye y entorpece” a través del silencio o de palabras cuidadosamente seleccionadas.  La inacción premeditada, en términos grupales, impide e inhabilita el reconocimiento de un gremio en su totalidad.  Esta inacción intencional acarrea consecuencias en las artes escénicas.  Es necesario una pausa para valerse de la nostalgia y señalar el otro tipo de seriedad en dos espacios distintos.

Décadas atrás los valores de las propuestas de las artes escénicas eran analizados y expuestos por la crítica teatral que, con convicción en su labor, difundía su relación con la escena a través de los medios de comunicación, específicamente los impresos.  La mayoría de estos críticos representaban la segunda forma de seriedad: la que busca la verdad sin anteponer sus valores.  De esos momentos quedan notas que son referencia escritural; incluso, en 1986 el Círculo de Críticos de Teatro de Venezuela (CRITVEN) celebra el Primer -y único- Encuentro Nacional de Críticos de Teatro en Maracaibo, con patrocinio de la Secretaría del Estado Zulia, La Universidad del Zulia y la Sociedad Dramática de Maracaibo cuyo director, Enrique León, señala en la publicación del encuentro uno de las consecuencias del evento: “…concertar estrategias y elevar proposiciones para el beneficio general del teatro venezolano” (4).  Cambiando de espacio, en la Nueva York en español había críticos de la talla de Alberto Minero con sus reseñas comprometidas en dialogar con la escena y sus lectores.  Con las transformaciones que trae el neoliberalismo, del rol de formar comunidades imaginadas que destaca Benedict Anderson, se transforma; el periódico cambia los contenidos: entre finales del siglo XX y comienzo del XXI en lugares como la Nueva York hispana o Caracas, los espacios para la crítica van desapareciendo en los impresos.  La difusión del teatro local, en ambos sitios, en el mejor de los casos queda relegada a la sección de farándula o espectáculos; alcanzar esos espacios es difícil para los hacedores locales de teatro ya que la tendencia editorial es apelar a lo globalizante y globalizado.  Se fractura la relación entre el teatro local y los medios que informan en esos espacios.  Por ahí, críticos como Manolo García Oliva y Carlos Navedo en Nueva York siguen cumpliendo la quijotesca tarea de publicar en impresos mientras que otros aparecen en blogs de limitada difusión y permanencia.

Las plataformas.

Con las transformaciones se ausenta la reflexión, los aportes artísticos, sociales y formativos que brindan ciertos colectivos teatrales: éstos se invisibilizan ingenio grupal.  En este contexto surgen plataformas de carácter parcial como representativas de todo el movimiento teatral.  Lo que no se ajusta a esta visión carece de valor, fenómeno en otros campos ocurre en tiempos de hibridez y polarización.  Son entes donde se gesta la seriedad antagonista del chalequeo y la inacción premeditada: el no reconocimiento a lo que no responda a su concepción de artes visuales.  Y en la sociedad del espectáculo: “…el orden dominante discurre interminablemente sobre sí mismo en un ininterrumpido monólogo de autoelogio” (Debord 19).  Así van surgiendo plataformas que simulan apertura y conocimiento, entendiéndose simulacro como “…fingir lo que no se tiene” (Baudrillard 3).

El desarraigo, la no pertenencia se da porque el otro, mirado desde la indiferencia, es un ente distinto, por diversos motivo como su lugar de enunciación: estas plataformas establecen cartografías citadinas en las que hay teatro y en las que no hay… independientemente de que sí haya teatro; o ciudades en las que hay teatro y en las que no lo hay, así las últimas tengan cartelera estable; las innovaciones que se pueden crean en estos espacios otros son invisibilizadas al obviar una interpretación del término vanguardia propuesta por Richard Schechner: la vanguardia es un fenómeno local; depende de cada cultura y sus circunstancias sociopolíticas (17).  Además, el manejo de las identidades ideológicas es fundamental en estos tiempos de extremos para tener acceso a estas plataformas.  Incluso, las desavenencias personales pueden colocar en situación otra a un hacedor de teatro porque los apretados no aguantan el cuestionamiento.  La plataforma es una máquina de creación de nadies, como acuña Galeano: nadies sin artesanía porque precisamente su trabajo es la razón para el olvido.  La creación de estos nadies afecta el archivo teatral y la memoria.  Otra características de  las plataformas es el desinterés en problemas puntuales: la investigación, la formación, la pedagogía, la historiografía y el diálogo, cualquier diálogo que sirva para poner el teatro en perspectiva.

Entre los polos chalequeo-seriedad, la praxis debería andar hacia la seriedad.  La seriedad que busca la discusión y la inclusión.  Mientras tanto, los nadies-teatreros deben procurar medios alternos para crear estrategias, ubicar espacios y difundir su presencia: hay un potencial número de nadies-espectadores que esperan. 

Obras citadas

-Baudrillard, Jean.  Simulacra and Simulation.  Trans. Sheila Faria, Glaser.  U of Michigan  P, 2017.

-“Chalequear”.  Diccionario de americanismos.  ASALE, 2010.  Web.  Acceso: 16 de enero, 2023.

-“Chalequeo”.  Diccionario de americanismos.  ASALE, 2010.  Web.  Acceso: 16 de enero, 2023.

-Debord, Guy.  The Society of the Spectacle.  Trans. Donald Nicholson-Smith.  Zone Books, 2012.

-Primer Encuentro Nacional de Críticos de Teatro.  Guanaterme, 1986.

-Sánchez, Carlos Alberto.  The Suspension of Seriousness.  SUNY Press, 2012.

-Schechner, Richard.  Performed Imaginaries.  Routledge, 1986.