Wednesday, June 17, 2026

Cimientos 2026 en Teatro IATI

Cary Hite (Ekene), Russell G. Jones (Ejike) Nambi E. Kelley (Ginika) en Move On.
Textos que proponen alternativas a las normativas formales o temáticas; historias de la periferia; tensiones entre la identidad personal y la colectiva. Las anteriores son características de las obras que conforman la programación de Cimientos 2026, compuesta por 10 piezas: 5 en inglés, 4 en español y una en inglés y español, y que se llevó a cabo del 10 al 14 de junio en la sede de Teatro IATI en la Calle 4 de Manhattan, Nueva York.

Cimientos es un programa de lecturas dramatizadas a cargo del profesor y curador dramatúrgico de Teatro IATI, Guillermo Severiche. La actividad tiene carácter anual y se inicia con un llamado a autores y autoras que escriben en inglés, español, bilingüe, spanglish o chicano para que envíen una pieza a concurso desde cualquier parte del mundo.  Comenta Severiche que este año se recibieron más de cuatrocientos textos, de los que se seleccionaron aproximadamente cuarenta que pasaron a un segundo jurado que a su vez escogió los diez textos para la muestra.  En el proceso, las diez obras fueron discutidas y analizadas entre los autores escogidos en una actividad que establece lazos entre los participantes.

El siguiente paso fue asignar a cada texto un director o directora que tiene la tarea mostrar, junto con los actores, el potencial de la pieza dramática creando la atmósfera, el tono, el ritmo: dar el sabor de la obra.  Por ello, la lectura dramatizada está en la liminalidad del texto escrito y del montaje por lo que precisa de la colaboración de actores y espectadores: cómo se vería, se escucharía y sentiría cuando llegue a ser producción porque eso merecen estos textos: la representación.

La muestra.

Jully Lee (Young-Mi) en White Tiger.
El encuentro comienza por lo alto con White Tiger, de Nina Ki, dirigida por Galia Backal e interpretada por Zoë Kim, María Peyramaure, Jully Lee, Raine Higa y Chris Yejin.  Kim aborda el desarraigo, tema recurrente en comunidades inmigrantes como las de Korea, de América Latina o de cualquier otra parte ya que migrar implica un cambio de vida que puede llegar ser traumático.  Young-Mi, la madre, llega a un lugar diferente mientras que Khloe, la hija, se desenvuelve entre dos culturas buscando definir su identidad.

La lectura de White Tiger es una de energía y creatividad.  Galia Backal creó una atmósfera para que los actores ejecutaran gestos y movimientos expresivos.  El elenco, encabezado por Jully Lee, se entregó para articular un texto que se desenvuelve en la actualidad con mitos e historias sobre las migraciones coreanas.

Machu Picchu Play es escrita por Taylor Rocío Ecoña, dirigida por Fernando Vieira, con la participación de Andrés Gallardo Bustillo, Rula A. Muñoz, Flower Ríos, Anthony Cedeño y Lorenza Bernasconi en las acotaciones.    

La psicóloga social y activista trans Marlene Wayar señala en sus estudios la omisión del sujeto trans en la historia: el haber estado al margen lo convierte en sujeto ahistórico.  De ahí la relevancia del texto, distopía en el sitio creado por los incas con la presencia trans desde los tiempos de los pueblos originarios hasta nuestros días, días de desasosiego por voces que quieren anular los derechos de esta comunidad.

Olvídame, de Margot Carmody, es dirigida por Michael Álvarez e interpretada por Juan Elijah Martínez, David Heron, Pete Pasco, María Belisario y Noa Somogyi. Luego de fallecer, Emmanuel se encuentra en un espacio liminal.  Allí la música -el bullerengue colombiano- trae la memoria de su vida, mientras su hija hace un viaje de descubrimiento.

Dient’Eleón, de Jorgelina Cerritos, es dirigida por Gama Valle e interpretada por Noelia Flores Cueto y Braulio Basilio, junto con Lorena Guillén Castillo en las acotaciones. La lectura fue una excelente oportunidad para ver en Nueva York un texto de Cerritos, fundadora del grupo Los del 5to. Piso cuyo trabajo ha trascendido El Salvador, su país de origen, para ser conocido en América Latina.

Vale y Ger definen sus vidas por sus posesiones: “tengo, luego existo”.  En esa dinámica la pareja debe vender su inmueble a la brevedad: la demora los puede llevar a la pobreza. La casa es lujosa e inmaculada hasta que aparece un niño deambulante; su imagen puede devaluar el costo del inmueble.  La pareja entra en pánico al caer en cuenta que, detrás de un niño hambriento, vendrán muchos otros niños hambrientos, como el diente de león, planta que puede reproducirse en lugares distantes por la acción del viento.  Diente de león o los nadies de Eduardo Galeano.  Ante el terror de Vale por convertirse en diente de león, Ger la calma con una frase algo así como: “Siempre habrá alguien que esté peor que nosotros”.

Por medio de la pareja, los espectadores sienten al grupo de nadies.  Mirada hegemónica sobre las migraciones humanas debido a la pobreza y el abuso de poder en sus lugares de origen.

Zulema Clares en Salomé.
Salomé, del autor cubano Rogelio Orizondo, en esta muestra es una de las piezas más complejas por su estructura.  Tiempos y espacios diferentes se superponen en la obra.  Monólogos extensos, diálogos, anuncios al público.  La fuente bíblica, las referencias a Oscar Wilde y la presencia de La Habana conviven para que el espectador esté frente a una experiencia diferente a la que debe adaptar su percepción.

El equipo de Salomé conversa con Guillermo Severiche.
Zulema Clares, Sandor Juan y Erick González, bajo la dirección de Leyma López cargan de energía el escenario para que Salomé realice el viaje espacio-temporal, para que la audiencia experimente, decida en este caso si se queda o huye ante la posibilidad de la censura y prohibición de la representación teatral y las agresiones que puede sufrir y que por cierto, recuerdan el origen del Día Nacional del Teatro Cubano: el 22 de enero de 1869 se desató la violencia en el Teatro Villanueva en La Habana.

They have become the forest de Aly, de Aly Kantor, con las actrices Rae Cofsky, Melina García y las acotaciones a cargo de Marion Rivas, bajo la dirección de Eric Parness es la historia de un mito traído a la contemporaneidad en la que el personaje lucha por sus afectos a la vez que corre riesgos en los bosques de Arcadia.

Carmen Álvarez (Sentlapachontli) en La resurrección de Mictlán.
En La resurrección de Mictlán, de Orlando F. Rodríguez, Mick conduce al espectador por mundos paralelos: mitos y creencias de los pueblos originarios, la cultura popular, películas de terror de bajo presupuesto.  Intolerancia, identidad, visiones de mundo de un autor bicultural son presentados en fragmentos en los que La Llorona debe esperar para contar su historia y en el que un cura intenta mantener la hegemonía negando otras religiones.

Guillermo Severiche y el equipo de La resurrección de Mictlán.
 La dirección de Laura Rivero-Sefair explora los ritmos para hacer una lectura dinámica de un texto con elementos de la comedia y así hablar del colonialismo y el neocolonialismo.  El tono lúdico lo brindan los actores Alfie Antillon, Lluvia Almanza, Carmen Álvarez, Rafa Pérez y Rula A. Muñoz en las acotaciones lograron que la lectura mostrara las posibilidades que posee el texto de Rodríguez.

Andrea Velasco en Auxilio.
Auxilio, de Leonardo González, dirigida por Gerardo Gudiño, con asistencia de dirección de Caridad del Valle y la interpretación de Andrea Velasco es el unipersonal de una maestra de primaria durante un gobierno regido por un dictador.  Auxilio es un personaje complejo en esencia y que cuenta sus verdades y mentiras.  Introduce al espectador a su mundo; comenta su rechazo hacia un estudiante, El Rata, y cómo ese sentimiento se transforma en amor y solidaridad.  

El equipo de Auxilio: Andrea Velasco, Leonardo González y Gerardo Gudiño.
Auxilio habla de su relación con sus colegas y sus alumnos; algunas de sus historias son graciosas; de fondo, un contexto con helicópteros, carabineros, perseguidos y desaparecidos.  Un contexto donde lo opuesto, donde no se permite disentir y quien lo hace pierde su calidad de humano y puede ser destruido.  Intenso el trabajo realizado por Andrea Velasco.

Nambi E. Kelley (Ginika) en Move On.
Move On, de Onyeka Iwuchukwy, es la única pieza africana, específicamente de Nigeria. Iwuchukwy, dramaturga y profesora universitaria se ha centrado en difundir las artes escénicas en su país y es activista en proyectos sociales como la educación de la mujer y la justicia e igualdad social.  Move On ofrece en sus cuadros una visión con moderado optimismo respecto a la sociedad en crisis.  Una manera de que el colectivo funcione para todos sus miembros es verse a uno mismo, conocerse y seguir adelante, enfrentando las adversidades.

Cary Hite, Russell G. Jones, Nambi E. Kelley y William Appiah participan en esta lectura caracterizada por la entrega de los intérpretes. 

El equipo de Move On.
Finalizada la lectura, la directora Sandie Luna agradeció a Teatro IATI y su programa Cimientos el hecho de presentar la lectura de Move On para mostrar rasgos de la cultura nigeriana y visibilizar autoras africanas.

La última pieza leída en este encuentro es Juana Estrellada, de Natalia Bugatti, dirigida por Andrea Velasco e interpretada por Laura Duarte, Valeria Llaneza, Carmen Borla, Adriana Lea Plaza y Juan Pablo Mendive.  Juana, después de cada relación amorosa escribe un poema; con el tiempo crea un archivo que puede ser usado para crear una obra de teatro que discute con sus amigas.  El archivo de las rupturas sirve para conocerse a sí misma.

Cimientos 2026, además de promover el diálogo entre autores, ofrece un mostrario de piezas que abordan diversas temáticas sobresaliendo el desarraigo y la identidad en formatos no tradicionales.  Es un programa ideal para interesados en la escritura dramática y sus diferentes alternativas.

 

NOTA: La recepción de obras para Cimientos 2027 es hasta el 30 de junio 2026.  información: iatitheater.org 

Tuesday, November 4, 2025

Carlos Canales Habla sobre La Lectora de H.P. Lovecraft, por Carlos Rojas

  Entrevista

Carlos Canales

Habla sobre La Lectora de H.P. Lovecraft

por Carlos Rojas  

criticarojas@gmail.com

Especial para Miradas al Escenario

Carlos Canales.  Foto: Archivo Personal del Escritor © 2025

 Conversamos con Carlos Canales (Río Piedras, Puerto Rico; 1955), dramaturgo y director de la obra La Lectora de H.P. Lovecraft, sobre su recorrido teatral, sus obsesiones escénicas y su más reciente puesta en escena.

En los días previos al estreno, Canales hizo un alto para hablar sobre su trayectoria, su pensamiento teatral y el desafío de llevar esta pieza al escenario, en el marco de la séptima edición del Festival de Teatro FrenesíFrenzy Fest 2025.

La Lectora de H.PLovecraft, es mucho más que una pieza teatral: es una inmersión en los laberintos de la mente. Concebida como un monólogo dramático, la acción transcurre en el consultorio de un psiquiatra, donde una mujer -profesional del arte- intenta descifrar los trastornos inexplicables que la acechan desde su regreso a Puerto Rico.

En esa sesión, que oscila entre la confesión y la representación, la protagonista expone sus conflictos más íntimos, dramatizando su propio relato a través de referencias literarias, artísticas y teatrales que revelan la fragilidad de su equilibrio emocional y la urgencia de comprenderse a sí misma.

-¿En qué momento surge la idea de escribir La Lectora de H.P. Lovecraft y qué te llevó a usar a Lovecraft como detonante?

FRENZY FESTIVAL, organizado por la actriz puertorriqueña Amneris Morales, es un festival teatral (también cinematográfico) que expone problemas de la salud mental.

Hacía años que Amneris me decía que sometiera una obra al FRENZY FEST y yo le respondía que sí y después no sometía ninguna obra. Las obras que tengo escritas y que podía participar con una de ellas, no me animaba. Porque yo quería someter un estreno, una obra que yo hubiera escrito para el festival.

Cuando publicaron la convocatoria del FRENZY FEST 2025 me dije: “Ha llegado el momento y te toca H.P. Lovecraft”. A este emblemático narrador de terror cósmico lo había leído hacía más de treinta años y las impresiones de esas lecturas siguen intactas en mí.

Entonces, recordé las visitas que mi familia y yo hemos hecho a Providence, Rhode Island. Hemos recorridos por los lugares que menciono en la obra. La convocatoria y la memoria se combinaron y escribí el monólogo.

-La obra se centra en una mujer lectora que se transforma a través de los libros. ¿Qué te interesaba explorar en esa experiencia de lectura como metamorfosis?

Más que explorar una metamorfosis del personaje lo que me intrigó fue internarme en la psiquis del personaje, penetrar en lo más profundo y adentrarla en los laberintos del universo, pero todo motivado por la lectura de varios autores, pero Lovercraft la catapultó a las dimensiones desconocidas.

-¿Qué significa para ti la lectura cuando se convierte en un acto escénicocorporalcasi ritual, y no sólo intelectual?

No te podría responder esa pregunta cómo me la planteas, sólo te puedo decir que escribo guiado no por lo intelectual ni la razón. Permito que surja lo acumulado en mi ser y se comunique con la memoria, con lo almacenado, y despierte en el proceso de la escritura, no parto a escribir de una idea, es el conflicto lo que me motiva, aunque a veces no sepa la causa, me limité a exponer los hechos que la llevaron a la situación del presente.

-¿Cómo dialogan en ti el escritor que imagina y el director que organiza la escena? ¿Compiten o se necesitan mutuamente?

Esta es una pregunta que amerita una reflexión…Como he explicado en otras entrevistas, el dramaturgo escribe un texto literario que puede más o menos describir acciones de los personajes con acotaciones precisas. En mi caso he decidido escribir sin didascalias, sólo las esenciales, como entradas y salidas de los personajes, pausas, transiciones y silencios.

Lo hago con la intención de que el director tenga que hacer su propia lectura del texto, descubra su interpretación y pueda crear una dirección en plena libertad. Además, si yo voy a dirigir mi obra, tengo que hacer el mismo proceso. Me facilita, me plantea conflictos y me complica el proceso de mi dirección. Cuando escribo la obra, ya tengo internalizado que escribo para la escena, es decir, para que se represente en un escenario. El tiempo y la experiencia te ayudan a ello.

Cuando termino de escribir la obra (no veo personajes, sólo escucho sus voces en la oscuridad), reviso el texto desde la literatura, lo pulo, lo dejo listo y lo guardo. Cuando un productor me pide un texto mío o yo voy a dirigir una de mis obras, empieza otro proceso en mí, reviso la obra, pero concentrándome en la puesta en escena. Cambio parlamentos, elimino y añado escenas. Hago una revisión total, siempre pensando en su representación.

En el momento que dirijo una obra mía oculto al dramaturgo y pienso como director, él toma el comando, como si la obra no la hubiera escrito yo, digo, hago un distanciamiento imperativo. Si yo, como el director (que soy el dramaturgo), entiendo que debo cortar parlamentos, entre otras, permito que la visión del director ayude a la obra del dramaturgo.

No permito que discutan, fomento el diálogo y, casi siempre, la mayoría de las veces, el director hace aportaciones que solidifica el texto. Porque una obra revela, muestra y encuentra su camino en las lecturas de mesa, en los ensayos, continúa durante las representaciones y cuando éstas terminan. Te puedo decir que mi yo director complementa al yo dramaturgo.  

-En La Lectorael espacio doméstico se transforma en escenario del delirio. ¿Cómo trabajaste esa transición de lo cotidiano a lo perturbador?

El espacio doméstico es el lugar de acción de mi escritura, pero cuando se representa la obra el espacio doméstico se transforma en la oficina de un psiquiatra y los espectadores se convierten en el psiquiatra.

Literariamente, la obra se desarrolla en una alcoba, pero en la representación ocurre en la oficina del psiquiatra. Lo cotidiano y lo perturbador conviven en la mujer, son parte inherente, sin lo cotidiano no se comprende lo perturbador, porque es lo cotidiano lo que la lleva a enfrentarse a ese mundo aterrador.

-El texto está lleno de silenciospausas y quiebres. ¿Cómo construiste ese ritmo fragmentado en el ensayo y la puesta?

Lo fragmentado está dado en el texto literario, incluyendo silencios, pausas y quiebres. Durante los ensayos los valido; y a otros los elimino y construyo nuevos. Porque uno de los conflictos del personaje La Lectora durante la sesión con la psiquiatra es el conflicto, lo que quiere decir, cómo decirlo y qué decir, esa lucha interna del personaje crea esa tensión dramática que va in crescendo en la obra, que prexiste también antes de la terapia.

Debo decir que, el FREZY FEST tiene una regla inviolable: los textos representados deben durar como mínimo treinta minutos y máximo cuarenta minutos. Yo, que soy obsesivo con el tiempo escénico, con el ritmo vertiginoso, estaba pendiente en los ensayos que no rebasáramos los cuarenta minutos. Esa regla contribuyó también a crear esa tensión dramática.

Todas las obras tienen un tiempo de duración escénica que no encontrarlo conlleva perder la atención de los espectadores. Es labor del director, trabajando con los actores, encontrar el tiempo preciso. En los ensayos, le pedía a la actriz Kathy Tejada que grabara el tiempo cuando ensayaba conmigo y cuando ensayaba sola.

Kathy Tejada, actriz y productora. Foto cortesía: Teatro TEBA

-¿Cómo fue el proceso de trabajo con Kathy Tejada y qué descubriste en su interpretación del personaje?

Kathy Tejada es una actriz de mucha disciplina. Fue un proceso intenso de meses de trabajo, como cuatro meses, no sólo se trabajó con la obra, sino que Kathy investigó las referencias de los textos, leyendo los relatos, viendo películas, documentándose en todos los sentidos.

Sin la disciplina ni la dedicación de Kathy Tejada la obra no hubiera quedado como quedó, ni hubiera creado el impacto contundente en los espectadores, porque ella se ajustó, a conciencia, a mi estilo de dirección, trabajó arduo lo que yo le pedía que hiciera y aportó un mundo con su interpretación del personaje. Fue un diálogo continuo en los ensayos, pero Kathy se sumergió a las profundidades del abismo.

-La mujer parece atrapada entre la razón el abismo. ¿Cómo concebiste esa tensión en la escritura y en la dirección?

Yo tenía claro el conflicto del personaje. Te cuento que hasta que no tengo el conflicto no escribo la historia. Para mí, como dramaturgo, es fundamental saber el conflicto del personaje, aunque no sepa las causas. Las causas las voy descubriendo en el proceso de los ensayos y me doy cuenta de que no son explícitas. Están desparramadas por el texto, las descubro y las uno. Si la obra contiene el ritmo, mi dirección lo va resaltando durante el desarrollo de la acción dramática. En ese sentido el dramaturgo y el director coinciden.

-Tu dramaturgia articula una genealogía del horrorPoe, Lovecraft hasta llegar a Beckett. ¿Cómo dialogan estos autores en tu imaginario teatral?

Yo conocí a Poe en las películas que vi en los años setenta. Digo que no sabía quién era el Poe literario. Después leí sus relatos y entendí ese universo de horror. A Beckett lo conocí leyendo, a la par, con James Joyce. Cuando leí a Beckett, yo no soñaba con ser dramaturgo; yo insistía en escribir narraciones, por eso Joyce me deslumbró con su monólogo interior o fluir de conciencia; y Beckett, en Esperando a Godot, recurre al monólogo en el personaje de Lucky. A Lovecraft lo leí cuando yo era dramaturgo. Lo primero que leí de Lovecraft fue El extraño caso de Charles Dexter Ward, una novela que me perturbó y nunca más la he podido leer, pero su impresión ha quedado en mí y no se borrará, fue descubrir un universo que provoca insomnio y angustia.

Beckett no es un escritor de horror propiamente dicho, pero tiene narraciones y obras breves de teatro que Beckett penetra en lugares de la mente y del universo. Los tres autores combinados son cruciales en el conflicto del personaje de La lectora. No los puede separar, pero tampoco puedo explicar cómo se complementan; las representaciones provocaron esas reacciones en el espectador, aquello que se percibe, que supera las palabras, que se queda en la psiquis y hace su efecto durante o al finalizar la función.

-¿Qué te interesa del horror como territorio poético más que como género narrativo?

Estoy convencido que sin la convocatoria de FRENZY FEST, yo no hubiera escrito La Lectora… A mí me interesó fue cómo esas lecturas afectaron a La Lectora y le provocaron el conflicto que no le permite vivir. Cómo Lovecraft le despertó o la llevó a descubrir un mundo que penetrar en él es un punto sin regreso; descubrió lo que no debería haber descubierto, y por esa transgresión, tiene que pagar; la maldición es un tema recurrente en esa la literatura de horror. Te aclaro que me valí de la narrativa, pero el texto no descansa sólo en ese recurso, sino en las acciones y el ritmo intenso.

-¿Cómo concebiste la escenografíala iluminación y el sonido para acompañar esa deriva entre lo real y lo alucinatorio?

Mi montaje fue minimalista. Una silla en el escenario. Nada de escenografía, nada de música, nada de juego con la iluminación. Diseñé una iluminación precisa que iluminara sin brillantez el rostro de la actriz y un poco de luz azul sueño reflejado en el piso del escenario para sugerir el mundo onírico. Pero, la obra descansa en la interpretación estática de la actriz. Kathy dependía de su voz y sus gestos. Nada de artificios.

-En la pieza hay una mirada femenina enfrentada a un universo literario tradicionalmente masculino. ¿Fue una decisión consciente?

No lo fue consciente, porque son pocas las cosas que escribo de manera consciente, no soy un escritor que está interesado en escribir parlamentos preconcebidos. Si tú lo notaste fue porque es una interpretación, el texto te llevó a pensarlo, yo no niego esa interpretación, pero esa no fue la intención, que se haya filtrado me ilumina, porque podría aportar otra mirada, abre a otras posibilidades literarias y escénicas.

-¿Qué te atrae de situar la locura o el delirio en el núcleo de la experiencia escénica?

Como tú bien sabes, porque has visto representaciones de mis textos de personajes que rayan en la locura, la locura es un tema que me persigne de niño. Diría que me críe en el medio de la locura, de mi familia y de otras familias. El misterio de volverse loco es una pregunta que aún sigo buscando la respuesta, porque la locura provoca conflictos en los demás.

No puedo desprenderme de los personajes resquebrajados, con problemas psicológicos y crisis existenciales, personajes que bordean y traspasan los límites y navegan en lo ignoto, y por la dimensión desconocida. A mí siempre me ha gustado la literatura de horror y la fantástica rioplatense.

-¿Cómo imaginas la reacción del público ante una obra que no ofrece respuestas sino un desasosiego persistente?

Con la dirección de La Lectora es mi obra en la que pensado más en los espectadores. No se trató de maniqueísmo ni manipulación del espectador. Fue llevarlo a percibir más allá de sus sentidos. Crear esa empatía, tratar de descubrir el verdadero conflicto del personaje, y cuando lo descubriera, desear que no se manifestara. Colocar al espectador en un conflicto con lo que escucha, ve, percibe y descubre.

-¿Qué referentes visuales o plásticos influyeron en la atmósfera de la obra?

Las exposiciones de arte que he visto en los museos de Rhode Island, Maine, Nueva York, DC, España, Argentina, Uruguay, entre otros. Siempre concentrándome en las pinturas no realistas, sino en la vanguardia, esos cuadros que son un desafío a los ojos y a la interpretación.

La Lectora plantea contradicciones cuando menciona las pinturas de los impresionistas, surrealistas, expresionistas y cubistas. Es un referente impactante en la formación del personaje y cómo se entremezclan con las referentes literarios. No es explícita la conexión. La actriz y el director la fueron descubriendo en los ensayos.

-Después de la función del domingo 26 de octubre, varios asistentes describieron lo sucedido como increíble” y “extraordinario”. ¿Qué ocurrió exactamente en esa presentación?

Lo que ocurrió esa noche y la noche anterior fue espectacular. Además de los adjetivos que mencionas hubo otros también, pero sólo te digo uno más: una cátedra (Master Class) de actuación. En la noche del 25 y 26 se repitió un comentario de los espectadores en el conversatorio.

Hubo un comentario que me sorprendió y le sigo buscando una explicación que no le voy a encontrar. Que los ojos de la actriz cambiaban de colores y se transformaban. Hubo un acto de magia, pero sin engaño, los espectadores, se conmocionaron profundo y percibieron lo que Kathy ni yo pudimos imaginar.

-¿Fue algo espontáneoun accidente escénico, una revelación actoral o una suerte de catarsis colectiva lo que transformó esa función en una experiencia irrepetible?

Sí, en las dos funciones, fue espontáneo, una catarsis colectiva; todo los demás que me preguntas y lo que se sintió y se percibió y no se puede describir.

-¿De qué manera percibiste tú, desde la direcciónese momento en el que la obra pareció desbordar los límites del teatro y convertirse en algo más cercano a una experiencia emocional?

Nos preparamos siempre pensando en los espectadores, con el objetivo definido de impactarlos en los más profundo de sus interioridades, pero nunca imaginamos que la aplaudieran de pie, y esa recepción desbordante confirma que el teatro ejerce un poder que va más allá de lo inimaginable.

-¿Podrías describir la reacción de la actriz en escena durante ese instante? ¿Sintió ella también esa ruptura o epifanía de la que hablan los espectadores?

Kathy Tejada experimentó y me confesó que penetró en lugares de la psiquis que la crisparon, porque se adentró a ese mundo cósmico.

-¿Crees que esa manifestación tiene relación con el universo de Lovecraft, con sus obsesiones sobre lo invisiblelo innombrable, lo que escapa a la razón?

No me cabe la menor duda.

-¿Qué papel jugó la atmósfera del espacio -la sala PS109, el público neoyorquino, el contexto del festival- en lo que ocurrió esas noches de funciones?

Es un espacio íntimo, de cámara negra y propició la conexión de la obra con los espectadores.

-¿Podrías contarnos si ese instante extraordinario fue emocional, energéticovisual o incluso sobrenatural?

Fue un instante separado y combinado también.

-¿Consideras que esa función marcó un antes un después en tu manera de entender el teatro como fenómeno vivo, más allá de la representación?

Esa función fue atemporal, rebasó el tiempo, difícil hablar de antes y después, porque todo estaba operando a la vez, logrando lo que en pocas veces se consigue en el teatro, y cuando se logra, sabe uno que rozó o penetró en el misterio.

La Lectora es un texto que apela a los sentidos, pero a los sentidos que viven en nosotros y pocas veces los activamos. Es lo que no podemos explicar, pero lo percibimos, lo sentimos y lo vivimos.

-Para terminar: Después de lo ocurrido, ¿te planteas registrar esa función, escribir sobre ella o convertirla en una nueva obra que explore el límite entre arte y experiencia real?

Yo no me planteo nada, sólo revivo lo que sentí y sintieron todos los espectadores. Voy a permitir que fluya en mí y escribiré cuando se presente la ocasión. Cada obra de teatro es un universo y posee sus reglas, imponer o querer repetir con una obra nueva…puede ser un riesgo, aunque siempre he tenido un objetivo con mis obras: crear una fuerte y contundente impresión en los espectadores. Procuro que mis obras sean una terapia colectiva e incisiva.

 La Lectora de H.P. Lovecraft / Imagen cortesía por Teatro TEBA

La Lectora de H.P. Lovecraft, es una obra que se mueve en un territorio liminar: entre la memoria íntima, la autobiografía cultural y el descenso a un delirio literario. Su fuerza radica en la palabra encarnada, en el cuerpo que lee hasta perder la cordura.

Con esta entrevista al dramaturgo Carlos Canales, desde mi punto de vista buscamos asomarnos al pensamiento de un creador que convierte la lectura en abismo, y el teatro, en un espejo donde lo indecible se hace visible.

Ficha de la obra

La Lectora de H.PLovecraft, escrita y dirigida por Carlos Canales, con la actuación de Kathy Tejada y producción de Teatro TEBA, se presentó los días sábado 25 y domingo 26 de octubre del 2025 en el marco de la séptima edición del Festival de Teatro Frenzy Fest, en la sala El Barrio’s Artspace PS10 (215 East 99th Street, entre 2nd y 3rd Avenue, Nueva York, NY 10029).